Durante casi 15 años, Raynie Canoy vivió con un dolor crónico debilitante: un dolor incesante en el cuello, la espalda, las rodillas y las caderas. A pesar de un diagnóstico de fibromialgia y de los intentos de practicar yoga y baños de magnesio, el alivio siguió siendo difícil de alcanzar. Cuando un accidente automovilístico en 2025 la dejó con cinco hernias discales, su desesperación creció. A los 30 años, no podía vestirse, girar el cuello ni siquiera dormir cómodamente.
Después de agotar las opciones convencionales, Canoy descubrió la terapia con plasma rico en plaquetas (PRP). Esta técnica regenerativa implica extraer la sangre del paciente, separar los componentes ricos en plaquetas e inyectarlos en el tejido dañado. La idea es potenciar los procesos naturales de curación del cuerpo, ya sea por distensiones musculares o caída del cabello. Canoy la encontró más atractiva que la cirugía, con una recuperación menos perturbadora, y la prefirió a soluciones artificiales como inyecciones de cortisol.
Después de su primera inyección en abril, Canoy se sintió renacida. El dolor crónico disminuyó, lo que le permitió reanudar el yoga, agacharse sin dolor y despertarse rejuvenecida. Pero los efectos desaparecieron en unos meses. Un tratamiento de seguimiento en agosto no funcionó en absoluto, dejándola nuevamente donde comenzó: arruinada y frustrada. “Algunas personas juran que funciona durante años”, dice. “Esa simplemente no fue mi experiencia”.
La naturaleza impredecible del PRP
La historia de Canoy ejemplifica la realidad del PRP en los EE. UU.: los resultados varían ampliamente. El éxito depende de la salud individual, la gravedad de las lesiones y los protocolos y la experiencia de la clínica. Algunas clínicas ofrecen PRP potente y de alta calidad; otros ofrecen tratamientos no verificados.
La falta de aprobación de la FDA (aunque los dispositivos de inyección sí están autorizados) contribuye a esta inconsistencia. A diferencia de los medicamentos, el PRP no está regulado, lo que significa que su calidad no está controlada. Los ensayos clínicos rigurosos son escasos, lo que deja al PRP en gran medida experimental. Las compañías farmacéuticas tienen pocos incentivos para financiar la investigación de un producto (su propia sangre) que no pueden patentar ni vender.
El costo – hasta $1,500 por sesión – lo hace accesible sólo para aquellos con ingresos disponibles. “Si no tienes dinero, podrías estar jodido”, señala un paciente.
El explosivo ascenso del PRP
A pesar de estas limitaciones, el PRP ha ganado popularidad. Alguna vez fue un tratamiento exclusivo para atletas de élite que buscaban ventajas de recuperación en el extranjero, pero ahora se ha generalizado y se promueve para todo, desde las arrugas hasta la infertilidad. Se prevé que el mercado de PRP crecerá de 594 millones de dólares en 2024 a 1.800 millones de dólares en 2034.
Los médicos también están adoptando el PRP. La cirujana de pie y tobillo Michelle Morse inicialmente lo vio como un último recurso, pero ahora cree en el poder curativo natural del cuerpo. Celebridades como Kim Kardashian y Tiger Woods han respaldado el PRP por sus beneficios estéticos y deportivos. Incluso entusiastas del biohacking como Bryan Johnson experimentaron infundiendo el plasma de su hijo en su propio torrente sanguíneo (sin resultados comprobados).
La tendencia se ve impulsada por un cambio más amplio hacia soluciones “naturales” en la medicina estética, reemplazando rellenos como el Botox. Algunas clínicas combinan PRP con microagujas (“tratamientos faciales de vampiro”) para estimular la producción de colágeno y reducir el tiempo de inactividad.
Los límites del PRP
Si bien el PRP puede funcionar bien para algunas afecciones, está lejos de ser una cura garantizada. Los tratamientos de fertilidad, por ejemplo, muestran pruebas limitadas de éxito. Una paciente, Erica Ferraro, gastó miles de dólares en ciclos de FIV impulsados por PRP sin embriones viables. “El objetivo es producir embriones”, afirma. “Si no se producen embriones, es un desperdicio”.
Los tratamientos contra la caída del cabello también varían mucho en calidad y muchas clínicas ofrecen afirmaciones no verificadas. Los pacientes a menudo salen sintiéndose peor y los proveedores que carecen de compasión ignoran sus lágrimas.
Cómo abordar el PRP
Si está considerando el PRP, elija un proveedor certificado y con licencia en un centro médico. Evite los “spas” emergentes o clínicas con prácticas cuestionables. El precio no siempre es un indicador de calidad; Los tratamientos más baratos pueden utilizar plasma de menor concentración o maquinaria de calidad inferior. Siga los protocolos recomendados (p. ej., extraer 60 cc de sangre) y dé prioridad a la experiencia sobre el costo.
En última instancia, la eficacia del PRP depende de una compleja interacción de factores. Si bien es prometedora para algunas afecciones, no es una solución universal. Los pacientes deben abordarlo con expectativas realistas, consentimiento informado y selección cuidadosa de proveedores.
En conclusión, la terapia con PRP puede ser una opción viable para determinadas afecciones, pero su eficacia está lejos de estar garantizada. Los pacientes deben abordarlo con precaución, eligiendo proveedores calificados y comprendiendo las limitaciones de este tratamiento experimental.
