El tradicional proceso de empanizado de tres pasos para el pollo frito (harina, huevo, pan rallado) es un alimento básico por una razón: funciona. Pero un método simplificado de dos pasos ofrece mejores resultados con menos desperdicio y limpieza. Este sencillo ajuste, inspirado en America’s Test Kitchen, ofrece coberturas consistentemente crujientes y al mismo tiempo reduce el desorden y el desperdicio de ingredientes.
El problema de los tres pasos
El método convencional requiere tres platos separados para la harina, los huevos batidos y el pan rallado. Esto a menudo lleva a que se deseche el huevo y la harina sobrantes, ya que se mezclan y quedan inutilizables después de cubrir algunos trozos de pollo. El proceso también es más complicado, deja las manos pegajosas y requiere una limpieza más profunda.
La solución de dos pasos: un “pegamento” más inteligente
En lugar de salsas separadas de harina y huevo, la clave es combinar una pequeña cantidad de harina directamente con el huevo. Batir solo una cucharada de harina en un solo huevo crea un agente de recubrimiento suave y eficaz. Este “pegamento” se extiende más que los baños separados, minimizando el desperdicio y simplificando la limpieza.
Cómo cubrir el pollo de la mejor manera
- Haga el “pegamento”: Bate 1 huevo grande con 1 cucharada de harina para todo uso hasta que quede suave. Esto debería ser suficiente para aproximadamente cuatro chuletas de pollo.
- Empanar el pollo: Coloque el pan rallado en un plato aparte. Sumerja cada trozo de pollo en la mezcla de huevo, dejando escurrir el exceso. Luego, cubra bien con pan rallado, volteando para asegurar una cobertura uniforme.
Escalado y condimento
- Ajuste la proporción de huevo y harina según sea necesario: los lotes más grandes requerirán más “pegamento”.
- Para darle más sabor, incorpore las especias directamente a la mezcla de huevo y harina. Esto asegura un condimento consistente en todo el recubrimiento.
- Esta técnica no se limita al pollo. Funciona excepcionalmente bien para chuletas de cerdo, pescado o incluso buñuelos de verduras como calabacines fritos.
El método de dos pasos no se trata sólo de conveniencia; se trata de maximizar el sabor y la textura y minimizar el desperdicio. El “pegamento” concentrado crea una unión más estrecha con el pan rallado, lo que da como resultado una capa crujiente superior.


























