Los casos de cáncer en todo el mundo se han más que duplicado desde 1990, llegando a 18,5 millones en 2023, con un aumento del 74% en las muertes anuales, que ahora suman 10,4 millones. Este aumento, excluyendo los cánceres de piel no melanoma, está afectando de manera desproporcionada a los países de ingresos bajos y medianos (PIMB), donde los casos y las muertes continúan aumentando a pesar del progreso global. La crisis se ve alimentada por factores de riesgo prevenibles, cambios demográficos y disparidades sanitarias cada vez mayores.
La magnitud del problema
Las cifras son crudas: más del 40% de las muertes por cáncer están relacionadas con factores de riesgo modificables como el consumo de tabaco, la mala alimentación y los niveles altos de azúcar en sangre. Esto significa que una parte importante de estas muertes podría evitarse con intervenciones eficaces de salud pública. Sin embargo, las tendencias actuales indican un futuro sombrío. Los investigadores predicen un aumento del 61% en los nuevos casos de cáncer para 2050, alcanzando los 30,5 millones al año, acompañado de un aumento de casi el 75% en las muertes hasta los 18,6 millones.
Este crecimiento no se trata sólo de una mayor incidencia; se trata de envejecimiento y expansión de la población, particularmente en los países de ingresos bajos y medianos, donde los sistemas de salud a menudo carecen de recursos suficientes. Si bien las tasas de mortalidad ajustadas por edad han disminuido a nivel mundial, este progreso se distribuye de manera desigual y deja atrás a muchos países.
Los riesgos evitables impulsan la crisis
La conexión entre el estilo de vida y el cáncer es innegable. El tabaco sigue siendo un factor de riesgo dominante y contribuye al 21% de las muertes por cáncer en el mundo. Pero no se trata sólo del tabaco; Las malas dietas, la obesidad y los niveles elevados de azúcar en sangre también son factores importantes. En los países de bajos ingresos, las relaciones sexuales sin protección representan un sorprendente 12,5% de las muertes por cáncer, lo que pone de relieve el papel de las enfermedades infecciosas en el desarrollo del cáncer.
La carga recae más sobre los hombres: el 46% de las muertes por cáncer están relacionadas con riesgos modificables. Las mujeres no son inmunes: el 36% de sus muertes están relacionadas con factores similares. Esto subraya la urgencia de estrategias integrales de prevención.
La necesidad de una acción urgente
La creciente carga del cáncer exige una acción inmediata por parte de los gobiernos y los responsables de la formulación de políticas. Es fundamental fortalecer los esfuerzos de prevención, ampliar el diagnóstico temprano y mejorar el acceso al tratamiento. El ritmo actual de progreso no alcanza el Objetivo de Desarrollo Sostenible de la ONU de reducir en un tercio las muertes prematuras por enfermedades no transmisibles para 2030.
Según la Dra. Lisa Force del Instituto de Medición y Evaluación de la Salud (IHME), “el cáncer sigue siendo un factor importante que contribuye a la carga de morbilidad a nivel mundial, y nuestro estudio destaca cómo se prevé que crezca sustancialmente en las próximas décadas, con un crecimiento desproporcionado en países con recursos limitados”.
¿Qué sigue?
Abordar esta crisis requiere un enfoque multifacético: mejores sistemas de vigilancia, mayor financiación para la investigación y el tratamiento, y un compromiso con la equidad sanitaria. Los datos son claros: el mundo no está preparado para el aumento del cáncer que se avecina y se necesitan medidas decisivas ahora para prevenir millones de muertes evitables.
